Nadie disfruta de levantarse en plena noche para caminar hasta el aseo del camping. Hace frío, está oscuro, y el camino parece más largo de lo que era de día. Pero con un poco de preparación, ese paseo se convierte en algo rápido y sencillo, y hasta puede tener su encanto, sobre todo si el cielo está despejado y el campamento está en silencio.
Preparar el camino de día
Cuando llegues, recorre el camino hasta los aseos mientras hay luz. Fíjate en los obstáculos: raíces, piedras, cuerdas de otras tiendas, escalones o zonas con barro. Así sabrás dónde pisar en la oscuridad. Si puedes, elige un lugar para tu tienda que no esté demasiado lejos, pero tampoco tan cerca que oigas todo el rato el ruido. Una pequeña marca en el camino, como una cinta o un lazo, puede servir de guía.
Prepara un pequeño kit nocturno y déjalo a mano junto a la puerta de la tienda. Incluye una linterna o frontal, unas chanclas o zapatos fáciles de calzar, una chaqueta ligera y un paquete de pañuelos. Deja también un pequeño monedero o una llave si la necesitas. Así, cuando te despiertes, no tendrás que buscar nada a tientas, y podrás salir sin despertar a los demás.
Antes de dormir, ve al baño una última vez. Es la manera más fácil de reducir las salidas nocturnas. Bebe con moderación después de cenar, sin dejar de hidratarte durante el día. Si viajas con niños, acompáñalos siempre que sea de noche y busca un sitio cercano. Ve con calma, alumbra el suelo y camina sin correr, porque es fácil tropezar con las cuerdas y las estacas.
Pasa por el camino con cuidado y en silencio. Las voces y las cremalleras suenan mucho en el silencio de la noche. Cierra bien la tienda al salir y al volver, para que no entren insectos. Al regresar, guarda otra vez tus cosas en el mismo lugar, listo para la próxima vez. Con estos pequeños hábitos, el paseo nocturno deja de ser una molestia y se convierte en un momento de calma bajo las estrellas.